domingo, 26 de diciembre de 2010

PASIÓN

Escribir: la pasión de Mip. Ella tomaba el lápiz, que tenía forma de teclado, y palabra salía y palabra seguía a palabra, y pájaros y lluvia había en cada letra. Pero para que las letras nacieran, ella tenía condiciones: debía escribir en el escritorio de su cuarto, a computadora, después de las once de la noche, con lámpara encendida y luz general apagada. El aire, lleno de armoniosa música. Y la taza con café, y la casa sin gente.
Mip era feliz y hacía feliz a todos con sus relatos. Solían decirle que tenía talento. Solía tenerlo.
Escribió millones de historias. Hasta que un día algo cambió. ¿Mudanza? ¿Virus en la computadora? ¿O simplemente se habría enfriado el café?
Quizá nada, quizá ella precisaba un nuevo orden que no supo encontrar.
Pobre Mip, no sabe por qué, pero las manos ya no se mueven, ni las de ella para escribir, ni las de nadie para aplaudir. Y la boca tampoco, no felicitaciones, no agradecimientos. Y los ojos sí, los ojos lloran, y algunos miran con reproche, con prejuicios, todos con preguntas, elaboran teorías que nunca son ciertas. Quien debería transformarlas en algo que valga la pena, no puede. Lástima, ¿no? Que la peor manía mate a la mejor (obsesión versus arte) no es un buen final.