jueves, 24 de febrero de 2011

patrañas

escribo, hablo, me muevo, comparto principios... y no me reconozco. en nada de eso. no puedo concebir que soy yo la que opina. desde cuándo pienso así? no es que sea muy interesante ni una tremenda mierda el resumen de mis palabras. no tiene mucho de innovador pero... cómo se formó? cuándo dejé de saber quién soy? cómo puede ser que no me encuentre ni en el espejo? "comprate una vida", me dirán. "mejor una identidad", pensaré. pero si la compro ya existe, entonces de identidad no tiene nada. sería una pura y puta copia. nadie va a crear algo nuevo para mí. yo tampoco sé crearlo. tendrá que pasar la vida y la voz de la extraña a ser mi vida y mi voz. que no sé de dónde salieron, no sé qué sentido tienen, pero es mejor que quedarme callada... o peor aún, que llorar por no ser nadie, que llorar, hablar, moquear, gritar... siendo nadie.

momento

podría leer, cocinar, estudiar... hacer algo productivo. estoy cansada. prendo la computadora. no tengo ganas de moverme. es más, no me movería si hubiera un lento derrumbe y con sólo ir a la esquina pudiera salvarme. pero a la vez el odio corre, a un ritmo tan rápido que ni me da la posibilidad de encontrar una comparación para lo rápido que corre. me quema. se extiende más que todo lo que suele extenderse. y genera en mí ese deseo de hacer un curso intensivo de karate en unas horas y re cagar a piñas a cada personita del mundo. entonces me planteo qué cederá antes, si la pereza o el odio... y luego me encuentro mirando fotos de conocidos por la computadora, criticando cada falsa sonrisa, repudiando todos los gestos de quien se cruza en mi camino.

Fue

Me siento sola… pero no me gusta. Me encanta la soledad pero no este estado. Dependo de la gente. Vivo con ellos. Desperdicio mis minutos escuchando sus mierdas. Sus bocas me cuentan lo que sus ojos ven acerca de lo que mi boca no les cuenta ni en mis ojos está. Me muevo entre sus ruidos, que no me gustan. Quiero hablar con alguien pero nadie me escucha. Me cuentan sus cosas. Les digo un poquito de las mías. Luego quiero contarles sobre el genial libro que leí, pero no leí nada… estuve con ellos toda la tarde. Y sobre lo buena que soy, pero no soy buena… vivo entre palabras de gente que asegura ser buena, nada más. La acción está muerta en esta vida, en la vida que teóricamente es mía. Hay algo que me perturba, pero no sé qué es, porque a ellos les sucede lo mismo y tapan con sus angustias las mías. Siento un oso que me hace doler la cabeza, visualizo la imagen… pero a mí siempre me gustaron los osos. Es la imbécil de mi mejor amiga la que los odia. Entonces al oso no lo odio. Pero hay odio en mí. Y las únicas imágenes que puedo visualizar fuera de esa piel amarronada son la de mi amiga y la mía. Hay que repartir el odio por ahí, no quiero odio, por eso debo darlo: opciones claras de a quién enveneno: a mi amiga y/o a mí, fue. Fue. Así es que va siendo mi vida. Fue.