jueves, 24 de febrero de 2011

Fue

Me siento sola… pero no me gusta. Me encanta la soledad pero no este estado. Dependo de la gente. Vivo con ellos. Desperdicio mis minutos escuchando sus mierdas. Sus bocas me cuentan lo que sus ojos ven acerca de lo que mi boca no les cuenta ni en mis ojos está. Me muevo entre sus ruidos, que no me gustan. Quiero hablar con alguien pero nadie me escucha. Me cuentan sus cosas. Les digo un poquito de las mías. Luego quiero contarles sobre el genial libro que leí, pero no leí nada… estuve con ellos toda la tarde. Y sobre lo buena que soy, pero no soy buena… vivo entre palabras de gente que asegura ser buena, nada más. La acción está muerta en esta vida, en la vida que teóricamente es mía. Hay algo que me perturba, pero no sé qué es, porque a ellos les sucede lo mismo y tapan con sus angustias las mías. Siento un oso que me hace doler la cabeza, visualizo la imagen… pero a mí siempre me gustaron los osos. Es la imbécil de mi mejor amiga la que los odia. Entonces al oso no lo odio. Pero hay odio en mí. Y las únicas imágenes que puedo visualizar fuera de esa piel amarronada son la de mi amiga y la mía. Hay que repartir el odio por ahí, no quiero odio, por eso debo darlo: opciones claras de a quién enveneno: a mi amiga y/o a mí, fue. Fue. Así es que va siendo mi vida. Fue.

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